miércoles, 21 de septiembre de 2011

Que si preguntas a tres o cuatro nada duele más que esto.

Y si por cada respuesta que te dan caen dos lágrimas, tus razones te desidratarán. Y que si no respondes da igual. Ya se nos hace época gris mientras nos caen cincuenta lunes cada un viernes, porque así somos de idiotas malgastando cada fin de semana acusando de errores. Y yo, bueno, yo, se podría decir que intento subir cada escalón sin prisas, mientras esa nube de lluvia me truena encima, mientras intento obtener algo de tiempo antes de que ninguna campana se me acelere, mientras me hundo, no subo y la ayuda coge un taxi de huída. Hoy no estás ni tú, ni él, ni ella y ni nadie. Diré que parece que se han ido hoy por la noche a vivir por no afirmarlo, porque nunca nada es realmente, todo lo parece, nos da miedo afirmalo, y no es por aceptarlo. La gente quiere viajar al pasado para cambiar cosas que fueron mal, creo que yo no lo haría, nada dolería menos que esto.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Siete de la tarde, aereopuerto.

Lo que más duele de esta sensación es ir poco a poco dejando los días atrás, que el minutero del reloj se ría de ti a medida que ves la aguja de los segundos pasar, y que lo que hay en tu cabeza sea permanente.
Creo que hoy ha sido un buen día, y que no terminé de darme cuenta de que el fresco de Septiembre empezó el día catorce desde mi bajada del avión sin maletas.
Parece completamente mentira que hace menos de cuarenta y ocho horas haya estado contigo, cerca del desierto y no hayas sido capaz de explicarme como has conseguido estar feliz con tan poco mientras yo me pudría en casa. Las letras de tus canciones lo decían todo, y cada foto que me enseñaste con ella me dió a entender lo mucho que me estuve perdiendo, de hecho me prometiste que para dentro de un tiempo podríamos ir allí, a cantar y hacer esas esperadas fotos que estarán en tu agenda y en ese álbum de la inalcanzable estantería.
Ha sido divertida la estancia, sinceramente aprendí mucho de vosotros dos sin que me dijérais nada. De lo que me contábais saqué conclusiones. Aprende más el que escucha que el que habla.
Verás, no eres nada formal. Me había olvidado completamente de cosas que sucedieron. Ahora me toca despdirme de ti, hasta dentro de mucho tiempo, o poco. Hasta que el teléfono suene. Supongo que no me habrás deseado suerte en persona para que pueda seguir con vida estos próximos meses, si supieras que tengo una nube de lluvia tronándome en la cabeza me habrías dado más que llamadas.
Hemos hecho bastantes cosas, ha sido entretenido ¿verdad? Ahora se me cruzan más flashes por la cabeza.
Te mentí al principio, en mi opinión creo que lo que más duele es recordar.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Sólo desaparecen los que tienen un lugar a dónde ir.

Había pasado tanto tiempo desde que mi felicidad se había ido por la ventana que yo misma no me sentía.
Con el tiempo no habían cambiado muchas cosas en mí, se podría decir que el tópico de que todo haya cambiado en todo excepto uno mismo era cierto, y que la suerte no acompaña al que más la necesita ni desea, sino al que menos se la espera. La locura invadió mi habitación con una pizca de cafeína desde que me empezó a gustar el color rosa pálido de mis paredes, las cuales adorné con unas pocas fotos, dibujos y relojes. Creo que acabo de perder la cordura para siempre, para el resto del día, para estos próximos diez meses, y le daré gracias a Satanás si para dentro de unos años consigo algo de cordura, madurez, y con algo de suerte, suerte.
Llaman a la puerta, el próximo avión sale este miércoles, con destino recuerdos, y fotos que estarán en dos semanas guardadas en el fondo del cajón de un álbum de fotografías tituladas amnesia. . Empiezo ha hacer la maleta, para distraerme, creo que no acabo de entender qué es lo que quiero, o lo que opino de esta situación, o de mi vida. Vida. Qué palabra tan extraña, tampoco había caído en la cuenta de su doble significado, refiriéndose a la vida de vivir mientras tu corazón palpite y al otro significado que está por destapar.
La maleta es bastante grande. Introduzo a Anna Karenina dentro, unas pocas camisetas, pantalones, y un bikini mientras el Sol se apaga, al igual que el rosa pálido de mis paredes, que se apagaron junto toda la habitación.

domingo, 14 de agosto de 2011

viernes, 5 de agosto de 2011

No entiende de palabras, y menos cuando no la hablan.

No la subestimes si te dice que nada va mal, ni tampoco te preocupes cuando te digan que va bien respecto a esos temas. De vez en cuando prefiere callarse algunas cosas, para que le hagan caso pensándo que guarda algo interesante. No es de aquí, y cuando intenta decir que lleva bastante tiempo intentándo vivir, sólo la escuchan los que ella no quiere que lo hagan. No es la mejor en todo, al contrario; pierde trenes tanto como oportunidades como vehículos. Hace poco tiempo, tomó varias decisiones sobre sus planes de vida, empezó a escribir que haría mañana, y planearía cada pisada que diera. El problema estaba en que por culpa de esos planes se le aparecían otros, y se empezaba a preocupar sobre el hecho de si no hacía nada bien. Pocas veces se siente feliz con algo que haga ella por sí misma, y suele tomar más preocupación en los demás que en ella. Los problemas y el reloj no son cosa suya, siempre se las arregla, o casi siempre...Ella dice que no entiende nada, y que cada vez que camina sola se siente acompañada. Ella pierde la cabeza, poco a poco, mientras los demás no la recuperan por ella.

jueves, 28 de julio de 2011

VN

Mucho no ha cambiado desde que empecé a escribir aquí. Muchos han empezado a sentir soledad através de un minutos de ignorancia, cosa rara que desaparece cada sábado noche y reaparece cada domingo de mañana.
Un mes y tres semanas, contadas para empezar tercero ¿no? Es extresante pero emocionante, y puedo decir que estoy aquí, intentanto rememorar los momentos que fueron de bien para merecer la pena, sin desfasar, pero a su justa medida para vivirlos.
Desde que empezó esto no hago más que malgastar el inútil tiempo que tengo en pensar si debería hacer esto o lo otro, quedándome a pensar que me estoy empezando a volver loca por culpa de eso de que te hagan sentir y sentirte sola. Y por cierto, ¿cómo va todo? Como te darás cuenta no soy capáz de definir en un renglón como va todo aparte de bien. La gente pierde la cabeza, sin darse cuenta que hay alguien que se queda mirando preguntándose por qué está ahí. Quizás para que no se queden abandonados, ni aislados, y por el hecho de no tener otro lugar mejor que tu propia ciudad. Mucho se acuerdan de ti por mensaje, y luego son sólo abrazos y adioses. Todo va bien. Muy bien. Tan sólo hablamos entre todos cada día sobre qué es lo que hemos hecho hoy, evitando la seriedad escribiendo varios hahahaha entre frase y frase, pasándonos los últimos videos de internet para romper el hielo y sentirnos superiores hablando del último maruejo que le ocurrió a nadie.
Por las mañanas es lo menos divertido, cuando lo primero que haces al levantarte es desayunar, y encender el ordeador. Parece que a nadie, incluso a mi no nos queda nada más importante. Sólo un libro con el marcapáginas en la página 10, y algunos plannings que no fueron hechos por culpa de la lluvia.
No me debe quedar mucho para recoger los libros del nuevo curso, si soy sincera parte de los del curso anterior no fueron usados. Me quedan alguna que otra libreta con apuntes, y con algún garabato en la esquina.
En fin, como puedes ver no pasa nada interesante. Puede haber algún día en que conozca alguien nuevo, pero muchas cosas han perdido el sentido desde que empecé con esto. No se a qué idea pretendo llegar, pero supongo que buena suerte a nadie y a cualquiera, la vida aveces parece no estar hecha para vivirla.
 xoxo

sábado, 2 de julio de 2011

.

Tenía una foto pegada en cada esquina de su blanca pared, para que cada vez que se levantase recordara cada instante de su insignificante vida. Nunca le había gustado mucho tener presente enfrente de su cabeza que las personas que apenas conocía estaban ahí, ni que cada momento bueno que veía plasmado en color estaba sustituyendo algo malo. Su armario era de madera, su mesa también, y la silla también. Todo estaba clasificado por colores, y las persianas estaban siempre bajadas. Sólamente la habitación se iluminaba con una bombilla artificial. La puerta estaba arrimada, porque no cerraba bien. Un mapa del mundo tapaba el suelo, y en cada nación que había visitado había marcado una cruz verde. A ella nunca le gustó su habitación. Esta vez, se levantó muy rápido para apagar el despertador. Subió las persianas y ni si quiera se dignó a ver sus fotos, por lo que no miró a la pared. Se vistió, pero no se peinó, se agachó para coger su mapamundi, y antes de salir por la puerta cogió algo de dinero, para comprar un permanente verde y marcar los sitios que fuera visitando después de atravesar la puerta y no entrar nunca más.